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miércoles, 24 de octubre de 2007

Garabato #3

Creo que he escuchado cuatro discos de country en todo el año (si el grandes éxitos de Faith Hill cuenta como tal). El segundo disco de Carrie Underwood, mantiene todas las constantes formales que la convirtieron en la mayor estrella (a nivel de ventas) que ha generado American Idol y una de las apuestas seguras de la industria musical del country (en realidad de la industria norteamericana a secas): baladas que crecen hasta alcanzar un medio tiempo y estallar en un climax donde su voz suba y suba, como una emoción que estalla de forma tan intensa que hace desaparecer todo el mundo a tu alrededor y en los que se mueve con una facilidad y un aplomo en verdad admirables.

Los otros temas suelen ser medios tiempos, más acústicos o más animados, donde también suele dar el tipo. El disco no cojea como escucha. Los temas se alternan y no da la sensación de que el disco se ha estancado o le ha dado una pájara de la que no se recuperará. Supongo que este disco significará mucho para mucha gente durante mucho tiempo, y sus canciones servirán como abrigo, como bálsamo, como refuerzo de creencias y sentimientos o como una manera de evadirse, y eso es algo que entiendo y respeto aunque seguramente no les acompañaré en ese tránsito. El porqué de esto desde luego es una pregunta interesante de hacer. Quizás espere un disco de baladas donde cada canción sea un amanecer nuclear, una nueva meseta cubierta de ceniza en la que uno transitar sin fin. Pero como argumento es una completa estupidez. Es lo que hay, no lo que quiero. Además ese disco que he descrito seguramente existe y ya lo has escuchado este mismo año (Ulver “Shadows of the Sun”), aunque claro, no es country. Quizás debería buscar discos de Buck Owens o de Charlie Rich. Y sigo sin saber el motivo de porque no lo incluiré, porque me encantan esas baladas. Aunque sean durante un ratito.
“Inside Out” de Emmy Rossum, es uno de esos discos que sufren un bajón del que no se recuperan. El disco se maneja bastante bien, dibujando un mundo de emociones, que he caído esta mañana, reflejan cierta, no ingenuidad, pero cierta visión idealizada de las emociones y las relaciones que uno tiene durante la adolescencia. Después llega “The Great Divide” con cerca de 6 minutos, enlaza con “Lullaby”, la canción más floja del EP de adelanto y no se si el siguiente, o el que venía después, muestra un escorarse hacia ciertas bases inspiradas en el trip-hop que se usaron mucho en artistas mainstream hace cerca de una década, lo que deja el disco bastante desdibujado y básicamente acabé quitándolo. Le daré más oportunidades, pero en lo básico me recuerda a otro disco que andaba por derroteros próximos, el segundo de Siobhan Donaghy, que también tenía un tramo intermedio letal y desdibujaba los hallazgos de sus mejores canciones.
También he escuchado el “A Night in the Tilehouse” de Matías Aguayo, que quizás sea uno de los EPs de música electrónica del año. Pero la verdad me cuesta horrores escribir sobre música electrónica (bueno, algo que no me de vergüenza o me haga reírme de lo ridículo que suena) y lo tenía puesto mientras estaba haciendo otras cosas. También he escuchado la mitad de “Galore” de Human Feel, un grupo que se mueve entre las estructuras del jazz y el rock y que puede ser una escucha muy disfrutable de forma continuada, pero que en mis “aspiraciones” no dice nada de nada. Seguramente porque no escucho jazz de forma continuada.

Garabato #2

Esta mañana he estado escuchando el nuevo de Skye Sweetnam “Sound Soldier” y está bien, pero de este no me haré una idea hasta no haberlo escuchado un montón de veces. La lista de reediciones de reggae/dancehall la he reducido (que es lo que vamos a estar haciendo de aquí a mediados de diciembre) a 4(5) discos más:

Dennis Brown “Visions”
Keith Hudson “Brand”/ “Nuh Skin Up”
I-Roy “Gussie presents I-Roy”
Lee Perry & The Upsetters “Super Ape vs. Return of the Super Ape”
Dennis Alcapone “Forever Version”

Supongo que no es novedad, pero la cantidad de discos reeditados este año da mareo. Entre la caja de Mute Records, el cuádruple CD de Ghedalia Tzartes, “Big Science” de Laurie Anderson, las reediciones de Pere Ubu, las de Sly Stone, las de Betty Davis, las obras completas de Young Marble Giants, la reedición de Chrome, John Foxx, el recopilatorio de singles de Vashti Bunyan, etc. Supongo que de la reedición en cuatro formatos distintos de “The Joshua Tree” puedo pasar (aunque a lo tonto se puede convertir en el disco más vendido de la historia). Y el de Seefeel, que se me había olvidado por completo. Ups. Oh, y aquella reedición del grupo donde estaba Arthur Russell. Doble ups.

Quizás escuche el nuevo de William Parker y el de Human Feel. O el nuevo de Carrie Underwood. O de verdad escuchar el de Roysin Murphy. Business as usual.

martes, 23 de octubre de 2007

Garabato #1

No se si me gusta la idea de hacer una crítica de cada disco que escucho. Así que vamos a publicar monos o garabatos donde se describa todo el proceso y se vean los métodos fascistoides por los que un disco es tomado en consideración o no, o en que mentiras me baso para hacerme ilusiones, o simplemente como voy organizándome. Yu-ju.

El primer día de escuchas ha sido un desastre. No se si reírme o no, sobre como he conseguido que un disco sea capaz de afectarme de forma real, de forma física y palpable y no por la asociación de ideas que tenga con sus formas musicales y mi pasado como oyente. El disco es la colaboración entre los músicos Toshimaru Nakamura y Lucio Capece llamado “ij”. Son dos largas improvisaciones (20 y 30 minutos) donde dialogan la mesa de mezclas de Nakamura y los instrumentos de viento de Capece. Nakamura toca la mesa de mezclas, porque no hay ningún instrumento ni fuente sonora conectada a ella, así que en la práctica lo que hace es enviar un canal a otro y amplificarlo hasta obtener feedback del duro. Capece tiene sus instrumentos modificados. Los instrumentos de viento consisten en una columna de aire que es modificada por orificios y ranuras hasta que estos emiten notas. Las modificaciones consisten en meter, digámoslo técnicamente, “cosas” dentro y a ver como suena cuando se te ocurra tocar alguna nota.
Lo que sucede entonces durante todo el disco es que se forman dos superficies horizontales de frecuencias: las muy agudas de uno (a perros y gatos este disco les tiene que encantar) y las graves del otro, a veces conectadas por una subida en la escala del segundo. Silencio, susurros, chasquidos, pitidos, ronquidos, crujidos y alaridos, en un diálogo que sucede a un volumen bajísimo, y la mayoría de las veces de forma sutilísima. Quiero decir que este disco me ha dado un dolor de cabeza increíble. Sentir la potencia de las frecuencias del feedback resonando en tus fosas nasales, en tus ojos, en la musculatura de la cara y dentro del cráneo, es una experiencia muy divertida. Normalmente (ya hice alguna prueba de feedback dentro de un programa de mezclas), te suele dejar KO el resto del día y sintiendo como si tu cerebro fuera una cebolla a la que se le separan las capas. Y también quiero decir que creo que me he enamorado de este disco. Se preguntaran como es que quiero seguir escuchando esto, y la razón (al menos una) es precisamente esa. Que me hace preguntarme que es lo que espero de la música y del arte en general, cuales son sus límites, cual es el rango de los temas que puede tratar y cuales son mis implicaciones como oyente durante la escucha. Esto es música que quiere llegar al extremo, a un callejón sin salida y no se conforma con ser una muestra de “poder”, “intensidad” y “energía” como último fin. Acabo de acordarme que Sasha Grey en su última entrada en su blog estaba escuchando “Music for Bondage Perfomance” de Merzbow. Sería divertido que reflejara sus opiniones desde “el otro lado”.
Antes de dejarme el cerebro como una patata, escuche a medias los discos de Britney Spears, Ray Davies y Emily King. Sensaciones a esta hora de la tarde:

El “Working Man’s Café” de Ray Davies suena maduro, con una producción muy clara pero muy acomodada, ningún sonido que pueda pensar uno suene agresivo o arriesgado, y todas esas cosas que se dicen en estos casos, pero las formas de artesano, la manera de desarrollar una canción y que no parezca un ensamblaje de influencias, las historias contadas (aunque seguramente me aburrirán a corto plazo), etc. que lo hacen muy, muy agradable a la primera escucha. Tanto que me dio por pensar en el efecto “In Rainbows” de Radiohead (este es un disco que se regalaba con un periódico de tirada nacional en el Reino Unido), y habrá que ver como se mantienen con las repetidas escuchas. No muy bien por ahora.

“Blackout” de Britney Spears en la primera escucha parece consistente y con un diseño de sonido muy definido gracias a que la mayoría de los temas están producidos por Nate “Danja” Hills. El sonar homogéneo, no es precisamente lo que uno espera en un disco comercial donde trabajan ni se saben cuantos escritores y productores y en este caso creo que es una virtud (y una estrategia de mercadotecnia). Si han escuchado el single de adelanto, todas las direcciones y desvíos por los que se aventura están enunciados allí (las texturas de los sintes, el tipo de ritmos, las subidas y bajadas de intensidad, los juegos con las capas de voces y los procesados sobre esta y las letras sobre su persona pública y su sexualidad) y si no les gusta (a mi me pirra), seguramente lo odiarán de principio a final. Supongo que un rato de estos me pongo a escuchar cada canción en loop para ver como se mantiene e irlas conociendo para saber donde funcionan y cojean.

El disco de Emily King sonaba muy soul-funk, pero muy comercial, apenas con dejes retro, pero supongo que algún problema tendría cuando lo quite por la cuarta canción.

Pensaba ponerme al día escuchando las reediciones de reggae y dancehall de este año. Al menos tengo cinco para ponerme ahora: Culture “Two Sevens Clash”, Anthony Johnson “Gunshot”, Native “Rockstone”, Captain Sinbad “The Seven Voyages of Captain Sinbad” y “Summer Records Anthology 1974-1988”. Y seguramente se quedaran condensadas en el primero, que es el “clásico”. Pero estas son más o menos las recientes, así que debería investigar un poco (por ejemplo, a principio de año hubo dos reedicones de Keith Hudson). Tengo que hacer una lista de discos recientes de black metal y una con los discos de jazz que me puedan interesar (y esta ya es demasiado larga).

Yellow Swans “At All Ends”

Yellow Swans han publicado un sinfín de discos durante su carrera moviéndose en una estética entre psicodélica e industrial. Este es su disco en el que se acercan al formato de canción y el mundo del pop. Las texturas y los efectos están cuidadísimos y algunos son tan “in the face” que asustan, pero lo que me aburre del disco es su narrativa. Fuera del terreno del viaje o de la intensidad pura y dura, lo que queda es una especie de épica emocional en la que parecen estallar y nacer galaxias en el tiempo que parpadea un ojo. Es algo que a mi en particular no me gusta demasiado, pero que además tiene un efecto contraproducente y es que pone límites a la intensidad y brutalidad que el sonido, sus formas podrían llegar a alcanzar, que es seguramente, no soy ningún experto en el grupo, una de las virtudes de esta gente. Y seguramente del otro modo tampoco me gustarían por falta de concreción. Sin embargo un disco muy recomendable si no les molesta ese tipo de cosas.

Still Going “Still Going Theme”


Esta canción es pegadiza (la producción de ese piano), es fácil, se deja querer y es más o menos memorable. Seguramente uno se la encontrará en no se cuantos resúmenes de programas deportivos o en cuñas publicitarias. Quizás me moleste ese futurible carácter funcional y por eso no le presto más atención, o porque después uno no vuelve a escuchar estos lanzamientos del sello DFA.

Tony Allen “Kilode (Carl Craig Mix)”

Desde el año pasado, casi cualquiera aficionado a la música de baile electrónica al escuchar las palabras “Carl Craig” y “remix” se pone a salibar y a bailar de forma casi inconsciente. Normalmente no suelen cumplirse esas expectativas. Este remix me pareció mucho mejor cuando escuché el original del que fuera batería de Fela Kuti y escucha la estructura clásica del afro-beat, con sus guitarras y habituales estrategias en la percusión. Lo que pasa es que por ejemplo con su remezcla de “In The Trees” de Faze Action este mismo año, no tuve ninguna necesidad de escuchar el original. Aun así supongo que es cuestión de dejar que crezca con las escuchas y que “chan-chan---chan” de los sintes no se te vaya de la cabeza.

Miles Davis The Complete On the Corner Sessions

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Este es el recopilatorio/reedición del año. Tan sencillo como eso. No hace falta escucharlo para saber, que si estuvieras haciéndolo, no volverías a escuchar ninguna música más en mucho, mucho, tiempo.