martes, 17 de julio de 2007

Los rumores vuelan y se van filtrando a medios cada vez más grandes y anuncian el posible cierre del muy prestigioso sello de música jamaicana Blood & Fire. Y con él se va una ética de trabajo que albergaba en si misma uno de los más bellos sueños de justicia artística recientes: el creer que la enorme obra, influencia y creatividad de los artistas jamaicanos podría ser recompensada y agradecida mediante unas presentaciones que trataran de estar a la altura de la calidad de la música. Esto es, creer que la música jamaicana merece unas reediciones a la altura de los discos de clásica, jazz o (algunos) de folk, con diseños elegantes y trabajados, copiosas notas interiores que situaban en su contexto al artista y desarrollaban la gestación de la música, investigación del archivo de la época, contactando de primera mano con los productores o los artistas originales, reparar, limpiar, remasterizar las cintas originales cedidos por estos y quizás lo más prodigioso, lograr que los escasos beneficios del proceso llegaran a sus manos y no a las de la compañía, ya que por poco que fuera, si algunos de ellos en la actualidad se dedican a la pesca, la agricultura o cualquier otro trabajo manual, esa inyección económica no será un gesto baladí.*

*Hubo un artista que cuando UB40 versionó un tema suyo en uno de sus discos exitosos, pudo comprarse una casa con los royalties generados. Y ya que hablamos de artistas blancos de reggae, el motor económico del sello era el tipo de Simply Red, que supongo que con la bajada de ventas, tuvo que resignarse (porque era también su sueño) y dejar algo demasiado sangrante económicamente hablando (mantener una plantilla, pagar los viajes, las estancias, los procesos de estudio, la manufacturación del producto y su distribución (o si lo prefieren los pagos a la distribuidora).

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