martes, 23 de octubre de 2007

Garabato #1

No se si me gusta la idea de hacer una crítica de cada disco que escucho. Así que vamos a publicar monos o garabatos donde se describa todo el proceso y se vean los métodos fascistoides por los que un disco es tomado en consideración o no, o en que mentiras me baso para hacerme ilusiones, o simplemente como voy organizándome. Yu-ju.

El primer día de escuchas ha sido un desastre. No se si reírme o no, sobre como he conseguido que un disco sea capaz de afectarme de forma real, de forma física y palpable y no por la asociación de ideas que tenga con sus formas musicales y mi pasado como oyente. El disco es la colaboración entre los músicos Toshimaru Nakamura y Lucio Capece llamado “ij”. Son dos largas improvisaciones (20 y 30 minutos) donde dialogan la mesa de mezclas de Nakamura y los instrumentos de viento de Capece. Nakamura toca la mesa de mezclas, porque no hay ningún instrumento ni fuente sonora conectada a ella, así que en la práctica lo que hace es enviar un canal a otro y amplificarlo hasta obtener feedback del duro. Capece tiene sus instrumentos modificados. Los instrumentos de viento consisten en una columna de aire que es modificada por orificios y ranuras hasta que estos emiten notas. Las modificaciones consisten en meter, digámoslo técnicamente, “cosas” dentro y a ver como suena cuando se te ocurra tocar alguna nota.
Lo que sucede entonces durante todo el disco es que se forman dos superficies horizontales de frecuencias: las muy agudas de uno (a perros y gatos este disco les tiene que encantar) y las graves del otro, a veces conectadas por una subida en la escala del segundo. Silencio, susurros, chasquidos, pitidos, ronquidos, crujidos y alaridos, en un diálogo que sucede a un volumen bajísimo, y la mayoría de las veces de forma sutilísima. Quiero decir que este disco me ha dado un dolor de cabeza increíble. Sentir la potencia de las frecuencias del feedback resonando en tus fosas nasales, en tus ojos, en la musculatura de la cara y dentro del cráneo, es una experiencia muy divertida. Normalmente (ya hice alguna prueba de feedback dentro de un programa de mezclas), te suele dejar KO el resto del día y sintiendo como si tu cerebro fuera una cebolla a la que se le separan las capas. Y también quiero decir que creo que me he enamorado de este disco. Se preguntaran como es que quiero seguir escuchando esto, y la razón (al menos una) es precisamente esa. Que me hace preguntarme que es lo que espero de la música y del arte en general, cuales son sus límites, cual es el rango de los temas que puede tratar y cuales son mis implicaciones como oyente durante la escucha. Esto es música que quiere llegar al extremo, a un callejón sin salida y no se conforma con ser una muestra de “poder”, “intensidad” y “energía” como último fin. Acabo de acordarme que Sasha Grey en su última entrada en su blog estaba escuchando “Music for Bondage Perfomance” de Merzbow. Sería divertido que reflejara sus opiniones desde “el otro lado”.
Antes de dejarme el cerebro como una patata, escuche a medias los discos de Britney Spears, Ray Davies y Emily King. Sensaciones a esta hora de la tarde:

El “Working Man’s Café” de Ray Davies suena maduro, con una producción muy clara pero muy acomodada, ningún sonido que pueda pensar uno suene agresivo o arriesgado, y todas esas cosas que se dicen en estos casos, pero las formas de artesano, la manera de desarrollar una canción y que no parezca un ensamblaje de influencias, las historias contadas (aunque seguramente me aburrirán a corto plazo), etc. que lo hacen muy, muy agradable a la primera escucha. Tanto que me dio por pensar en el efecto “In Rainbows” de Radiohead (este es un disco que se regalaba con un periódico de tirada nacional en el Reino Unido), y habrá que ver como se mantienen con las repetidas escuchas. No muy bien por ahora.

Blackout” de Britney Spears en la primera escucha parece consistente y con un diseño de sonido muy definido gracias a que la mayoría de los temas están producidos por Nate “Danja” Hills. El sonar homogéneo, no es precisamente lo que uno espera en un disco comercial donde trabajan ni se saben cuantos escritores y productores y en este caso creo que es una virtud (y una estrategia de mercadotecnia). Si han escuchado el single de adelanto, todas las direcciones y desvíos por los que se aventura están enunciados allí (las texturas de los sintes, el tipo de ritmos, las subidas y bajadas de intensidad, los juegos con las capas de voces y los procesados sobre esta y las letras sobre su persona pública y su sexualidad) y si no les gusta (a mi me pirra), seguramente lo odiarán de principio a final. Supongo que un rato de estos me pongo a escuchar cada canción en loop para ver como se mantiene e irlas conociendo para saber donde funcionan y cojean.

El disco de Emily King sonaba muy soul-funk, pero muy comercial, apenas con dejes retro, pero supongo que algún problema tendría cuando lo quite por la cuarta canción.

Pensaba ponerme al día escuchando las reediciones de reggae y dancehall de este año. Al menos tengo cinco para ponerme ahora: Culture “Two Sevens Clash”, Anthony Johnson “Gunshot”, Native “Rockstone”, Captain Sinbad “The Seven Voyages of Captain Sinbad” y “Summer Records Anthology 1974-1988”. Y seguramente se quedaran condensadas en el primero, que es el “clásico”. Pero estas son más o menos las recientes, así que debería investigar un poco (por ejemplo, a principio de año hubo dos reedicones de Keith Hudson). Tengo que hacer una lista de discos recientes de black metal y una con los discos de jazz que me puedan interesar (y esta ya es demasiado larga).

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