lunes, 1 de octubre de 2007

Sorpresa sorprendente. Devendra Banhart recomienda cinco discos para los lectores del New York Times. Uno de los factores diferenciales del free folk es el de admitir una cultura de coleccionista de vinilo. Frente a un uso cada vez más estrecho de las influencias por parte de la crítica – tipo: “este hombre condensa todos los hallazgos de John Fahey y Bert Jansch” ¿Significa eso que ya no hay que comprar los discos de aquellos – resulta cuando menos refrescante, cuando menos más realista, que una serie de artistas muestren su gusto y reverencia por artistas no canonizados. Y además en el caso de que los discos de la nueva generación te dejaran indiferente, siempre podías buscar aquellos y encontrar sorpresas.

Claro, esto tiene otras implicaciones. El mostrar un capital cultural como artistas puede generar recelos y convertirlos en meros artesanos post-modernos que se dedican a copiar esto y aquello para construir sus discos. Pero también, que sean los gustos de artistas los que acaben siendo canonizados, al menos temporalmente y modifiquen la idea que tenemos sobre un determinado género musical. Es decir, si la crítica dibuja el folk con esos palos: John Fahey, Bert Jansch, Incredible String Band, etc., el nuevo mapa se convierte en: Vashti Bunyan, el tropicalismo, etc. Esto es un camino de doble sentido: al ser los artistas mejor informados del nuevo orden, ellos mismos se mitifican, mientras se convierten en patrocinadores de los artistas que les influenciaron.Lo que sucede es que hay un factor casi desmitificador. El coleccionismo (de vinilo) favorece el citar artistas oscuros o ediciones carísimas de ver, mientras que algunos de estos artistas se dedican a hacer textos para las reediciones, o incluso, las hacen desde sus propios sellos. O participan directamente en los discos de regreso de esta gente.

En cualquier caso, lo que uno venía a decir es que esta vez ya me los conocía todos. A Eduardo Mateo ya lo venía recomendando de forma mucho más efectiva (y afectiva) Juana Molina desde hace tiempos. Aquí tienen un tema del disco mencionado aunque su etapa con El Kinto o Totem también resulta muy interesante (y más pop).

Aunque esté bien y obligue a replantearse muchas ideas preconcebidas sobre la música latinoamericana y tener que empezar a hablar de candombe.Pero, las otras recomendaciones. Parecen agotadas y casi paródicas, como si Devendra Banhart ya simplemente fuera el músico guay por excelencia. High On Fire en lugar de Om, M.I.A. o Liars. O recomendar el último de R. Kelly. ¿Qué clase de zumbado recomienda a R. Kelly?

No hay comentarios: